Mis lecturas para compartir ...
"En un carretón de dos ruedas..." (Continuación)
Mi padre era un hombre muy metódico, que normalmente realizaba sus trabajos del mejor modo que él entendía podía hacerlos, me refiero a sus trabajos en carpintería. Mientras tanto nosotros crecíamos, en un laberinto de problemas, de situaciones que se repetían a diario, y sobre todo viendo cómo se destruían tres vidas, la de mi abuela por un lado en su ceguera, la de mi madre por su desilusión y juventud y la de mi padre que guardaba silencio. Pero ellos no se daban cuenta. Nuestro barrio cada vez estaba más pobre…la compañía ferroviaria de los ingleses se retiraba, y muchos de los que estaban trabajando como sus empleados deberían abandonar sus puestos de trabajo. Por ese tiempo muchos de los campos fueron loteados y para completar llegaban los alemanes del Volga a trabajar esas tierras que les fueron entregadas incondicionalmente solamente debían ser trabajadas por ellos.La pobreza sin embargo era cada vez más y con los fríos que hacían enfermé de asma bronquial, además tenía algunos problemas visuales. Pasaba hasta un mes en la cama, mi madre me cuidaba con esmero. Pero en mi interior había una sola pregunta que no tenía respuesta. Por qué ella tenía que llevar esa vida desgraciada, ¿Es que la situación económica la había llevado a la bebida?¡Qué terrible es para una niña madurar así. Conocer los movimientos y presentir que llegaba el momento de la bebida y no poder decir nada. No poder detenerlos. Y todos sabíamos que después de beber venía el momento de la pelea, y esto era todo consecuencia del alcohol y de la misma situación. La situación se ponía más difícil cuando veía que se peleaban, y esto por cualquier cosa o por cosas importantes, fue entonces cuando mi padre empezó a celar a mi madre. Cuando mi madre encontraba fotos las rompía, encontraba cuadros y los tiraba, todo lo que podía recordar de alguna manera la felicidad pasada era borrada o quizás quería ser borrada de su vista. Algunas veces tomaba tanto que se desvanecía , se desmayaba. Con el tiempo uno se acostumbra a vivir así y lo que es más triste hasta nuestros vecinos estaban acostumbrados.Por otra parte no era la única que en mi casa me daba cuenta de la situación. Mi hermana también se daba cuenta y le contaba a mi padre lo que ella pensaba, y sobre los encuentros amorosos de mi madre, mi madre como venganza quemaba nuestras muñecas, esto nos dolía muchísimo.Mi hermana se sumó a la lucha y las discusiones que no se evitaban. Mi padre normalmente se iba a trabajar a las estancias vecinas para poder darnos la subsistencia, y mi madre aprovechaba para salir en sus andanzas, lo que ya sabíamos iba a traer muchos problemas cuando mi padre regresara…Mi padre trabajaba sin parar, y los días de cobro llegaba a mi casa, pero durante su ausencia los familiares de mi madre llegaban a mi casa y se podían a derrochar y a gastar y en el último de los casos se robaban lo que no les pertenecía, y era nuestro.Una noche mi padre le pegó mucho a mi madre, muchisímo porque ella hablaba con sus galanes por la ventana. Cuando podía mi padre para descansar un poco de esta situación se iba a visitar a unas primas de parte de su padre, una de ellas se llamaba Juana. Para ir a su casa que estaba ubicada en el campo era un problema, tenían unos caminos desastrosos, monte, garabatos, puentes rotos, y llenos de agua, y cuando alguien se enfermaba no había salida, tenía que morirse allí de lo difícil que era llegar o salir. Pero su prima vivía allí. Ella era una mujer no muy alta más bien petisa, y muy gorda, le gustaba tomar mate todo el día, pero un mate especial, mate de leche, que se hacía cebar todo el día por una criada. Ya que en el campo se acostumbraba a tener criados en esa época. De cualquier manera mi tía era la madrina de una de mis hermana, y una vez se había quedado en el campo para acompañarla. Durante los días que estuvo con ella ocurrieron cosas raras y sin una explicación coherente. Un día mi tía le dijo a mi hermana que la acompañara al campo porque tenían que hacer algo, ella llevaba una olla, todo era muy raro, y en la olla había puesto una cantidad considerable de Liras esterlinas, todas las llevó hasta el pie de un árbol y para sorpresa mía las enterró allí. Nunca supimos qué pasó con aquellas monedas.Era una mujer que tenía muchas posesiones, llegó a tener hasta mil ovejas. En tiempo de esquila llamaba a mi padre para que la ayudara. Pero un día mi tía se casó, con un hombre que resultó ser un farrero, y se dedicó a malgastar la fortuna, la plata que ella cuidaba tanto. Se compró un auto, pero no sabía manejar . Tanto es así que sucedió algo muy gracioso como no sabía pararlo tuvo que terminar en el arroyo y allí se tiró al agua. Allí quedó, el auto nuevo en medio del agua, y la pérdida de todo.Al poco tiempo ella enfermó y murió, mi viejo fue al entierro, la llevaron en un carro, su sobrino que era carpintero le hizo el cajón. El marido que era tan derrochón en poco tiempo quedó en la ruina. Se cambió de domicilio, a un pueblo vecino y allá quedaron perdidas las Liras esterlinas que mi tía había enterrado, no se sabe si alguien las encontró alguna vez, lo único que sabemos es que quedó el recuerdo de lo ocurrido allí…Por esa época mi padre quería que mi abuela fuera a su pueblo natal, ya que lo que estaba sucediendo complicaba las cosas para él y para ella también, pero en verdad mi abuela era capaz de dejar a su hijo.Un día finalmente la llevamos a la terminal, ella tomó un colectivo tan pequeño que tenía sólo seis asientos, todavía la veo, con cuánta tristeza en su mirada, tratando de decirle a su hijo que no quería dejarlo.Después de un tiempo nos llegó una carta en la que nos contaron nuestros familiares de Santa Elena que mi abuela se alcoholizaba tal cual lo hacía cuando vivía con nosotros y que estaba muy enferma, la enfermedad se llamaba cirrosis, y le ataca sobre todo a las personas que se dan al alcohol. Volvió a repetirse la misma imagen del principio, …”mi padre fue en busca de su madre en un gran carro de dos ruedas, mi padre joven, mi abuela con su gran tapado”…pero no, esta vez mi padre alquiló un vehículo que los trajo, era un auto grande, mi abuela estaba muy enferma, es así que cuando llegaron la tuvieron que bajar en brazos.Poco tiempo después la llevábamos al cementerio, al Campo Santo, allí está actualmente descansando junto a los restos de mi abuelo, Baldomero Quiroga. En el cementerio del pueblo , que los había cobijado pero que también los había castigado, con la miseria, con el hambre, con la desnudez, y por sobre todas las cosas con la desilusión. Al mismo tiempo se me venían a la mente tantos recuerdos, nuestra vaca, nuestras aventuras mientras íbamos en su busca, los niditos de los pájaros que solíamos juntar, y los huevos de los pájaros que nos servían de collares. Por eso cada vez que llega la primavera recuerdo a mi abuelita que se la llevó Dios sin preguntarnos nada. Seguro que ella estará mirándonos y dándonos las fuerzas, esperando que le demos a su memoria en nuestros descendientes lo que ella no pudo con sus propias manos…